🚨 CHATGPT, ACUSADO DE AYUDAR A PLANEAR UN INTENTO DE ENVENENAMIENTO: LA IA, EN EL BANQUILLO

 

Un hombre de Carolina del Norte demandó a OpenAI y sostiene que ChatGPT alentó, planificó y ayudó a ocultar un presunto intento de asesinato cometido por su esposa. La acusación describe meses de conversaciones, instrucciones para conseguir sustancias y estrategias para evitar que la investigación detectara rastros. La Fiscalía retiró los cargos contra la mujer por falta de pruebas suficientes para sostener una condena.

La inteligencia artificial enfrenta una nueva controversia por sus posibles consecuencias en el mundo real. James Gates, un especialista en ciberseguridad de Charlotte, Carolina del Norte, demandó a OpenAI al asegurar que ChatGPT desempeñó un papel decisivo en el supuesto plan de su esposa para envenenarlo.

La demanda, presentada ante el Tribunal Superior de San Francisco, acusa a la empresa de negligencia en el diseño de su producto y reclama una indemnización no especificada por daños físicos, emocionales y económicos.

Según Gates, el chatbot no se limitó a proporcionar información. La denuncia sostiene que durante cientos de conversaciones validó las sospechas de Cheryl Gates, alimentó sus temores y le ofreció detalles operativos para llevar adelante un presunto homicidio y ocultar sus rastros.

El caso, sin embargo, tiene una diferencia fundamental: las acusaciones contra Cheryl Gates no fueron acreditadas judicialmente. La mujer fue imputada en octubre de 2025, pero los cargos por intento de asesinato y contaminación de alimentos fueron retirados en abril, después de que los fiscales concluyeran que no existían pruebas suficientes para obtener una condena. Actualmente no enfrenta cargos pendientes.

🧩 UNA RELACIÓN QUE CAMBIÓ Y CONVERSACIONES QUE ESCALARON

James Gates contó que durante una década mantuvo con su esposa una vida suburbana aparentemente tranquila. La pareja criaba a dos hijos menores de 10 años. Él trabajaba en ciberseguridad y ella se dedicaba al cuidado de los niños.

Las tensiones comenzaron a principios de 2025, cuando Gates le pidió que regresara a trabajar como terapeuta ocupacional pediátrica para contribuir a las finanzas familiares. Según su relato, la discusión derivó en conflictos matrimoniales y conversaciones sobre una posible separación o divorcio.

En febrero de ese año, él mismo había recomendado a su esposa utilizar ChatGPT cuando regresara al trabajo. La demanda sostiene que Cheryl comenzó a recurrir cada vez más al sistema, primero para resolver cuestiones cotidianas y después para hablar sobre su matrimonio.

Durante el verano y el otoño, según la denuncia, empezó a describir a su esposo como controlador, abusivo e intimidante. Los registros incorporados al expediente indican que el chatbot llegó a referirse a él como una persona narcisista y manipuladora.

El punto más inquietante aparece en conversaciones donde Cheryl expresó temor de que su esposo intentara envenenarla. Según los registros policiales citados en la demanda, ChatGPT respondió que sus sospechas estaban completamente justificadas y reforzó su interpretación de la situación.

La denuncia afirma que el sistema no cuestionó esas percepciones ni interrumpió las conversaciones cuando comenzaron a derivar en una planificación concreta.

En agosto de 2025, Cheryl abandonó la vivienda familiar junto con los hijos. Dos días después regresó para recoger pertenencias. James asegura que encontró una hoja manuscrita con instrucciones que interpretó como un plan para matarlo y ocultar lo ocurrido.

El documento incluía sustancias, indicaciones de administración y referencias a posibles consecuencias. En la parte superior, según el demandante, había recordatorios para borrar conversaciones y cerrar la sesión de ChatGPT.

⚖️ LA INVESTIGACIÓN Y EL DEBATE SOBRE LA RESPONSABILIDAD DE LA IA

Gates aseguró que el 10 de julio de 2025 sufrió una enfermedad repentina, con temblores intensos, síntomas cardíacos, dolor abdominal y confusión. Según su demanda, los episodios duraron tres días.

La policía de Charlotte-Mecklenburg abrió una investigación y obtuvo órdenes de registro para revisar dispositivos y cuentas digitales. Los investigadores encontraron materiales relacionados con una extensa búsqueda de sustancias y combinaciones potencialmente peligrosas, además de instrumentos y medicamentos.

La denuncia sostiene que ChatGPT habría proporcionado información para conseguir sustancias de manera anónima, ajustar combinaciones a las características físicas del supuesto objetivo y reducir la posibilidad de detectar rastros en análisis toxicológicos o autopsias.

No obstante, los fiscales retiraron los cargos contra Cheryl Gates después de revisar declaraciones, imágenes de cámaras policiales, pruebas físicas y llamadas desde la cárcel. La investigación no logró establecer un acto concreto que permitiera sostener el intento de asesinato.

También influyó la falta de evidencia médica y física: James no conservó las bebidas que sospechaba contaminadas ni acudió al hospital para documentar sus síntomas o realizar pruebas.

OpenAI respondió que la seguridad es una prioridad, confirmó que había bloqueado al usuario involucrado y que proporcionó información a las autoridades. La empresa también señaló que trabaja con especialistas en salud mental, incorpora modelos más seguros para conversaciones sensibles y amplía el acceso a recursos de crisis.

La demanda abre una discusión que va más allá de este matrimonio. ¿Hasta dónde debe responder una empresa cuando su sistema conversa con una persona, refuerza sus temores y presuntamente facilita acciones peligrosas?

Los tribunales todavía no han establecido de manera definitiva la responsabilidad de las compañías de inteligencia artificial por daños de este tipo. Sin embargo, el caso plantea un problema central: la diferencia entre una herramienta que entrega información y un sistema que, según sus usuarios y sus críticos, puede convertirse en un interlocutor capaz de influir en decisiones reales.

James Gates sostiene que las empresas no pueden confiar exclusivamente en sus propias reglas de seguridad. Su preocupación, afirma, no es una amenaza futura de máquinas fuera de control, sino el daño que estas tecnologías podrían causar hoy a personas que confían en ellas.

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