Las carreras peor pagadas en México: “La educación y los ‘boomers’ son los responsables”

  • El listado del Instituto Mexicano para la Competitividad muestra un predominio de las carreras vinculadas a la enseñanza entre las peor pagadas. Una activista y un exsecretario de Educación analizan la disparidad salarial

 

La diferencia del salario promedio entre la carrera mejor pagada en México y la peor pagada es de 21.000 pesos, según el índice ‘Las 10 más’ que elabora el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO). Esto significa que un profesionista egresado de una carrera de Medicina de Especialidad puede ganar más del doble que un profesional que estudió Orientación e Intervención Educativa; 35.033 pesos mensuales frente a 13.249 respectivamente. Entre las primeras 10 carreras peor pagadas en el país hay una paradoja: cinco están relacionadas con la educación. ¿Cómo se explica esta disparidad?, ¿definimos cómo nos irá en el mercado laboral desde el momento en el que elegimos la carrera? Una activista laboral y un exsecretario de Educación Pública responden.

 

“En la medida en que la oferta de egreso por parte de las instituciones de educación superior no está suficientemente bien alineada con el mundo de la economía y el mundo del empleo, hay un desequilibrio. Al día de hoy, la concentración curricular de las universidades en México es alta en carreras tradicionales. Por ejemplo, el 55% está en Ciencias Sociales, Humanidades, Educación, Periodismo, Comunicación. En cambio, el promedio de la OCDE es de 25%. Por el lado de los empleadores, se quejan. De acuerdo con el último reporte de Manpower, del cuarto trimestre del año pasado, el 63% de los empleadores dicen que sí tienen vacantes pero no encuentran los perfiles adecuados para contratar, o bien porque hay brechas de habilidades y competencias, o bien porque vienen de carreras con baja matrícula”, dice Otto Granados, consultor en educación y quien fue secretario de Educación Pública de México entre 2017 y 2018.

 

“¿Cómo es posible que la educación, la capacitación y el estudio sean las carreras peor pagadas?”, se pregunta Alma Paz, activista laboral que da vida a las cuentas de La de RH en redes sociales, dedicadas a dar consejos para encontrar trabajo y a difundir mensajes a favor de los derechos laborales. Para ella, el origen de los bajos salarios de los profesionistas está en los empleadores. “Ni siquiera las empresas están peleando, buscando, mejorar la capacitación de sus trabajadores, entonces, esto se va a seguir reflejando en los bajos salarios que van a percibir. A través de las propuestas que se han hecho tanto en Senado como en la Cámara de Diputados, y la respuesta negativa de los empresarios, nos damos cuenta de que no hay un interés por mejorar la calidad de vida de sus trabajadores. Sigo viendo una tendencia sumamente negativa”, afirma Paz en entrevista.

 

En el top 10 del listado del IMCO sobre las profesiones con peor retribución, a la carrera de Orientación e Intervención Educativa —que lo encabeza— le siguen: Terapia y rehabilitación [13.249 pesos], Formación docente en educación básica a nivel preescolar [14.500], Adquisición de idiomas extranjeros [14.518], Trabajo y atención social [15.104], Gastronomía y servicios de alimentos [15.359], Deportes [15.409], Diseño curricular y pedagogía [15.702], Formación docente en educación básica, nivel primaria [15.764], y Hospitalidad y turismo [16.024].

 

Para Otto Granados, el predominio de las carreras relacionadas a la educación en la lista de las peor pagadas se explica en parte por el funcionamiento del sistema educativo nacional, que “entrega plazas [de trabajo] sin ningún filtro de calidad ni verdadera competencia”, a través de la basificación. “La mayoría de los que están estudiando, sobre todo en normales públicas, sabe que tiene más o menos asegurada su plaza para entrar al sistema educativo nacional. Cuando tú ocupas esa plaza, quitas a alguien que viene de una normal privada o de una universidad en la que estudia Educación. Como les tienes que dar plaza automática, como no hay filtro de calidad, no les das chance de entrar a otros que son mejores”.

 

Pero Granados también considera que el desglose a detalle de la remuneración de los maestros de educación pública en México se desconoce porque la cifra promedio que informa el Gobierno —de alrededor de 16.000 pesos— no incluye los diferentes ingresos extra que perciben los profesionistas de la educación. “Se estima que puede haber más de 9.000 conceptos de pago, el Estado de Querétaro —ejemplifica— tiene ciertos conceptos de pago, pero adicionalmente tiene varios más que con los años se fueron pactando con los Gobiernos estatales. Como esa es una información que no está concentrada en el Siger (Sistema Integral de Gestión Registral) no sabemos exactamente cuáles son esos conceptos de pago en los distintos Estados y te explica en buena parte las asimetrías de los ingresos salariales en todo el país, de tal manera que se podría decir que el salario integrado de los maestros en México está muy por encima de esos 16.000 pesos promedio que ha informado el Gobierno federal”.

 

‘Son los boomers’

Alma Paz advierte en el aspecto generacional uno de los factores que influyen en los salarios y las condiciones laborales. Afirma que los trabajadores más jóvenes, de las generaciones millennial —nacidos entre 1981 y 1994— y centennial — nacidos entre 1996 y 2012—, no son “tan maleables” y denuncian con mayor facilidad los abusos laborales, en comparación con las generaciones anteriores.

 

“Obviamente, a los boomers —nacidos entre 1946 y 1964— les molesta tanto y para ellos es como ‘ay, la generación de cristal’, pero realmente los de cristal son ellos que nunca aprendieron a pelear por sus derechos, a pedir lo necesario, a quejarse, incluso hasta a expresar sus sentimientos. Espero que cuando los boomers salgan de la vida laboral las cosas mejoren. Si no apoyamos y si no empezamos a alzar la voz, no va a cambiar, vamos a empezar a ciclarnos en la misma dinámica de ‘aguántate, agradece que tienes trabajo’, y no va a cambiar nunca”, afirma la activista.

 

¿Qué hacer?

Otto Granados aconseja a quienes van a elegir carrera tomar en cuenta:

 

  • Para qué eres bueno
  • Qué te gusta, qué te apasiona
  • Qué tan atractivo es el mercado laboral

“Si tuviéramos 33%, 33% y 33% en cada uno de estos indicadores, estamos más o menos en la posibilidad de tomar una buena decisión, pero como lo ideal a veces choca con lo real lo mejor es que haya un reforzamiento de la orientación vocacional como para que los chicos de 16 años, de 17, que ya empiezan a pensar lo que quieren estudiar, tengan más información en ese sentido”, explica.

 

Alma Paz sugiere a quienes buscan un empleo desarrollar sus capacidades de comunicación. “La gente no comunica absolutamente nada, tiene miedo de hablar, tiene miedo de expresar todas las capacidades que tiene o los logros que ha conseguido”, señala. Y también recomienda capacitarse más allá de una carrera universitaria. “Sí es muy importante terminar una carrera y tener una profesión, pero que también se capaciten en oficios. Muchas veces el camino está por ahí, en aprender cosas diferentes. Algo que veo mucho en personas de mi edad [38 años], y un poco más grandes, es que basaron su vida en una profesión, en una carrera, y actualmente ya no tienen posibilidades o ven mucho más complejo el emplearse por la edad. Les sugiero que siempre tengan una alternativa, que sepan hacer algo diferente a lo que ellos eligieron estudiar”.

 

Una carrera ‘no es un vale al paraíso’

Granados reflexiona que las encuestas del Instituto Nacional de Geografía y Estadística (Inegi) muestran un crecimiento del desempleo entre las personas con estudios de educación superior. “En el año 2001, la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo reportaba que más o menos el 17% de los desempleados decían tener educación superior, terminada o incompleta. Hoy ese porcentaje es de más del 30%. En la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares, si tú comparas la del año 2016, si tú tenías un nivel de escolaridad de licenciatura, tenías un salario promedio trimestral de aproximadamente 50.000 pesos. Hoy es de 43.000 pesos. La pregunta es: ¿por qué si yo tengo un título universitario y me midieron en el Inegi en el 2016 ganaba en aquella época más y ahora ganó un poco menos?”.

 

El especialista propone una “verdadera reingeniería” en la que participen las instituciones de educación superior públicas y privadas, los gobiernos federales y estatales, y los empleadores, “para que tengamos un mapa más completo de la situación y no estemos pensando que ya entraste a la universidad, a una muy buena, o a la que quieras y gustes, y que eso es el vale al paraíso. Me parece, me temo que no”.

 

Fuente: elpais

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