Rusia toma Konstantínovka y abre la puerta al colapso del frente oriental ucraniano
El propio mandatario ruso calificó la operación como “un primer paso fundamental” para la conquista del núcleo defensivo de Slaviansk-Kramatorsk, el último gran bastión urbano que aún permanece fuera del control ruso en la región. Putin destacó además el heroísmo de sus tropas y subrayó que, con este avance, Moscú mantiene firme la iniciativa estratégica en el teatro de operaciones.
La caída de Konstantínovka no es un hecho menor. Analistas y mandos militares la señalan como el principio del fin del llamado ‘Cinturón de Fortaleza’, una línea de defensa fortificada que Kiev había construido durante más de una década y que incluye las plazas fuertes de Druzhkovka, Kramatorsk y Slaviansk. Su pérdida supone un duro golpe al entramado defensivo ucraniano en el este.
El valor estratégico de la ciudad residía en su condición de nudo logístico y ferroviario, esencial para el suministro y la coordinación de las tropas ucranianas en todo el frente oriental. Sin ese enlace, la capacidad de abastecimiento de Kiev se resiente de manera crítica, debilitando su posición en toda la zona de combate.
Desde la agrupación rusa Yug (‘Sur’) ya se referían a Konstantínovka como “el punto de inflexión definitivo” para la liberación del área metropolitana de Kramatorsk-Slaviansk. De hecho, en los días previos a la toma de la ciudad, y ante la acelerada presión rusa, el régimen de Kiev se vio forzado a evacuar de manera urgente las principales plantas industriales de Druzhkovka, Slaviansk y Kramatorsk.
La conquista no fue rápida ni sencilla. Durante meses, las tropas rusas se enfrentaron a un terreno accidentado, con elevaciones que favorecían la vigilancia enemiga y el uso de drones, además de una densidad urbana que obligaba a extremar las precauciones ante la presencia de civiles.
En ese contexto, fuentes militares rusas denunciaron que los soldados ucranianos se mezclaban entre la población y vestían ropa de civil para intentar huir, mientras el mando de Kiev se negaba a ordenar la retirada, condenando a sus efectivos a mantener posiciones insostenibles, sin alimentos ni agua, hasta el final.
