A tres años de la implosión del Titán: informe canadiense dictamina falta de fiscalización y fallos estructurales progresivos
El dictamen, presentado casi tres años después del siniestro, revela que la estructura de fibra de carbono del sumergible presentó un deterioro paulatino, acumulando microfisuras en cada zambullida. Además, subraya que sus capacidades reales nunca fueron sometidas a pruebas contrastadas que verificaran si cumplían con las especificaciones teóricas empleadas en su fase de diseño.
El artefacto, propiedad de la estadounidense OceanGate, sufrió un colapso catastrófico el 18 de junio de 2023 mientras descendía hacia el pecio del transatlántico, ubicado en el Atlántico Norte frente a la costa de Terranova. En la tragedia fallecieron los cinco ocupantes, entre ellos el fundador y director ejecutivo de la firma, Stockton Rush.
La operación contó con el auxilio del buque Polar Prince, gestionado por la canadiense Horizon Maritime Services, que remolcó al sumergible desde la capital de Terranova hasta la zona de inmersión y actuó como centro de mando de las actividades en alta mar.
El organismo canadiense enfatiza que la construcción del casco no siguió los estándares convencionales de la ingeniería naval. Como consecuencia, OceanGate carecía de certeza sobre el tiempo durante el cual el casco podría conservar su integridad estructural ante el uso reiterado a la profundidad del Titanic, y tampoco supo identificar ni mitigar los peligros fundamentales asociados a sus misiones.
No obstante, el informe también apunta a carencias sistémicas. El TSB recuerda que el Ministerio de Transportes de Canadá estaba al tanto de que el Titán operaba desde San Juan de Terranova con el apoyo de buques nacionales, pero nunca intervino para ejercer la supervisión pertinente. El propio consejo advierte que esta situación dista de ser excepcional, ya que es “relativamente común” que embarcaciones en Canadá queden al margen de la inspección del Ministerio, lo que incrementó exponencialmente el riesgo para los participantes en las excursiones del Titán.
El presidente del TSB, Yoan Marier, señaló en un comunicado que la información crítica sobre el sumergible se hallaba fragmentada entre diversas dependencias federales, pero que ninguna entidad asumió la responsabilidad de “atar todos los cabos”. OceanGate mantuvo contactos con carteras como Pesca y Océanos, la Agencia de Servicios Fronterizos y Asuntos Exteriores; sin embargo, los datos obtenidos por estas instancias nunca fueron comunicados formalmente a Transportes, lo que impidió disponer de una visión holística de la operación y sus peligros.
Como consecuencia de la investigación, el TSB ha formulado seis recomendaciones orientadas a subsanar deficiencias en tres áreas prioritarias: la fiscalización normativa, los estándares técnicos aplicables a sumergibles y los sistemas de gestión de la seguridad.
El organismo también puso el foco en un vacío legal a escala internacional, ya que las directrices de la Organización Marítima Internacional (OMI) sobre el diseño, construcción y manejo de estos aparatos carecen de carácter vinculante para los Estados miembros, lo que genera disparidades en la vigilancia según la jurisdicción.
Cabe recordar que, en agosto de 2025, la Guardia Costera de Estados Unidos ya emitió su propio informe sobre el accidente, en el que calificó la tragedia como evitable y culpó a OceanGate del suceso por el diseño inapropiado de la nave, la ausencia de certificación oficial, el mantenimiento precario y la falta de inspecciones rigurosas.
