Cada vez más escuelas de EE.UU. prohíben los celulares en clase: así impacta en el rendimiento y la conducta
Un número creciente de escuelas en Estados Unidos está implementando restricciones totales al uso de teléfonos celulares durante el horario de clases, y los primeros resultados son reveladores: disminución drástica de conflictos, mejora en el clima escolar y avances medibles en el rendimiento académico. Esta tendencia, respaldada ahora por leyes en 37 estados, responde a una preocupación tangible: la conexión constante se había convertido en un agente de distracción, acoso y violencia silenciosa dentro de las aulas.
La transformación en cifras y en el ambiente escolar
El distrito Sierra Sands Unified en California es un caso emblemático. Tras detectar que los celulares eran usados para organizar peleas, acoso y encuentros para vapear, implementó una prohibición estricta. Los resultados en las primeras diez semanas fueron contundentes: los incidentes por amenazas y lesiones físicas se redujeron casi a la mitad (de 267 a 142), los reportes de acoso cayeron un 83% y las suspensiones disminuyeron un 69%. Los profesores, como Tatiana Edwards, destacan la recuperación de un ambiente de respeto y concentración: «Mi clase se siente ahora como un espacio más valorado».
A nivel académico, un estudio citado por The Wall Street Journal encontró que, tras el segundo año de prohibición, los puntajes en pruebas estandarizadas aumentaron en promedio 0.6 puntos percentiles, con mejoras más marcadas en escuelas donde el uso previo era más intenso y entre estudiantes varones. David Figlio, economista de la Universidad de Rochester y coautor del estudio, subraya que, aunque la relación parecía lógica, «no era seguro que prohibir los teléfonos mejorara el aprendizaje». Los datos lo confirmaron.
El desafío de aplicar la medida y un cambio cultural más profundo
La transición no ha sido sencilla. En estados como Florida, las suspensiones aumentaron inicialmente por el incumplimiento de la norma, y muchos padres resistieron la medida, acostumbrados a comunicarse con sus hijos en cualquier momento. La aplicación era desigual cuando dependía de cada maestro, llevando al desgaste docente. La homogenización llegó con legislaciones estatales que obligan a políticas claras.
Escuelas han adoptado soluciones como bolsas o fundas especiales que bloquean la señal o impiden el uso del dispositivo. Más allá de los números, los educadores observan un cambio cualitativo profundo: la recuperación de interacciones espontáneas y juegos tradicionales entre los estudiantes. «Estoy viendo volver un poco de la inocencia de la infancia», comenta Edwards.
Este movimiento representa un debate crucial entre la hiperconectividad y el derecho a un entorno educativo enfocado. La experiencia pionera en EE.UU. sugiere que, al priorizar la concentración y la interacción humana sobre la conectividad constante, no solo se mejora la disciplina y el aprendizaje, sino que se devuelve a los estudiantes un espacio esencial para su desarrollo social y emocional.
