Las mariposas monarca se apagan en California y un pueblo intenta salvarlas
Pacific Grove, una pequeña ciudad costera de California, es conocida desde hace décadas como Butterfly Town USA. Murales, desfiles escolares y negocios locales giran en torno a la mariposa monarca, que cada invierno llega ahí para resguardarse durante su migración. Sin embargo, esa imagen festiva convive hoy con una realidad alarmante: la población de monarcas del oeste de Estados Unidos ha caído más de 99 por ciento desde la década de 1980.
De refugio histórico a conteos mínimos
Pacific Grove es uno de los principales sitios de hibernación de la monarca, una especie que recorre miles de kilómetros desde el noroeste del continente hasta la costa californiana. En años anteriores, decenas de miles de mariposas se agrupaban en los eucaliptos del santuario local. En diciembre de 2022, voluntarios contabilizaron cerca de 16 mil ejemplares en una sola semana. En el mismo periodo de 2025, el conteo fue de poco más de cien.
La caída responde a una combinación de factores: pérdida de hábitat por el desarrollo urbano, uso intensivo de pesticidas, sequías prolongadas y cambios en los patrones climáticos. Para biólogos y conservacionistas, la monarca funciona como un indicador temprano del deterioro ambiental que también afecta a otros polinizadores.
Ciencia ciudadana y riesgos persistentes
Ante la falta de protección legal amplia, el seguimiento de la especie depende en gran medida de voluntarios. Cada semana, habitantes del pueblo participan en conteos manuales dentro del santuario, usando binoculares y registros detallados para documentar cuántas mariposas quedan. En una de las mejores jornadas recientes, el número apenas superó las 200, una cifra muy lejana a los registros históricos.
El uso de pesticidas se ha convertido en una de las principales amenazas locales. En 2024, cientos de monarcas murieron tras exponerse a distintos químicos, en un episodio que marcó a la comunidad. Estudios posteriores detectaron residuos de al menos 15 pesticidas distintos en los cuerpos de las mariposas, sin que pudiera identificarse una fuente concreta.
Mientras tanto, educadores y vecinos promueven prácticas más amigables, como plantar especies nativas y reducir el uso de productos químicos domésticos. El futuro de la monarca en este punto clave de su migración sigue siendo incierto, sostenido por esfuerzos locales y por una especie cuya presencia ya no puede darse por sentada.
