La COP30 cierra sin acuerdo sobre combustibles fósiles y con un borrador que evita la ruta de transición
La cumbre climática celebrada en Belém terminó con más dudas que avances. Tras jornadas tensas, protestas indígenas, negociaciones nocturnas y hasta un incendio que obligó a evacuar el recinto, Brasil presentó el borrador final: ocho páginas que omiten cualquier referencia a una hoja de ruta para dejar atrás los combustibles fósiles, tema que había marcado el pulso político desde el primer día.
Un acuerdo debilitado en el punto más crítico
La ausencia de una mención explícita a la transición energética refleja el choque de posiciones. Más de 80 países —entre ellos Colombia, Alemania y Kenia— intentaron que el documento incluyera un plan concreto para sustituir carbón, petróleo y gas. Pero la oposición de naciones árabes y de grandes productores frenó cualquier referencia vinculante. La presidencia brasileña propuso dos rutas voluntarias: una para una transición “justa y ordenada” lejos de los combustibles fósiles y otra para detener la deforestación. No forman parte del acuerdo oficial, pero se invitó a los países a sumarse.
Mientras tanto, el texto mantiene los compromisos financieros aprobados previamente. Urge a las economías ricas a cumplir con la meta de 300 mil millones de dólares anuales para países emergentes y a avanzar hacia 1.3 billones en 2035 mediante fondos públicos y privados. Para muchas naciones vulnerables, este punto era crucial: enfrentan eventos climáticos cada vez más severos sin recursos suficientes para adaptarse. Aun así, varios reclamaron que algunos países condicionaran el aumento del financiamiento a aceptar la eliminación gradual de combustibles fósiles, lo que consideraron un intento de presión.
Bosques, comunidades y los límites del multilateralismo
El borrador reconoce la urgencia de frenar la deforestación y destaca el nuevo Fondo para los Bosques Tropicales para Siempre, que buscará movilizar 125 mil millones de dólares para países con selvas en pie. También, por primera vez en una COP, se incluye la referencia a comunidades afrodescendientes y se subraya el papel de los pueblos indígenas en la protección de territorios.
A pesar de estos avances, la sensación general es de insuficiencia. La COP30, realizada una década después del Acuerdo de París, exhibe lo lejos que está el mundo de cumplir sus metas. Las proyecciones científicas apuntan a un calentamiento de entre 2.6 y 2.8 °C hacia finales de siglo si no cambian las políticas actuales. Los planes climáticos nacionales siguen siendo insuficientes y la reducción real de emisiones continúa rezagada frente a lo que exige la crisis.
Belém cierra así con un acuerdo que no rompe con la dependencia de los combustibles fósiles, mientras Turquía y Australia se preparan para recibir la próxima cumbre, donde nuevamente se pondrá a prueba si la diplomacia climática puede alcanzar consensos a la altura de la emergencia.
