La revolución rumana del reciclaje: 94% de envases recuperados

En el pueblo transilvano de Pianu de Jos, cada semana Dana Chitucescu llena un costal con botellas de PET, latas y envases de vidrio. Lo lleva a la tienda del barrio y recupera unas cuantas monedas por cada pieza. Para ella es parte de la rutina; para Rumania, es la pieza clave de un cambio ambiental sin precedentes.

El país puso en marcha hace dos años un sistema de depósito y retorno (DRS) que transformó sus índices de reciclaje. Al comprar bebidas, los consumidores pagan un depósito adicional que recuperan al devolver el envase limpio y sin deformar en cualquier punto autorizado. El esquema, simple y obligatorio, disparó la tasa de recolección hasta alcanzar meses con 94% de recuperación.

RetuRO, la empresa que opera el modelo en alianza con el Estado y la industria, afirma que el programa permitió rastrear cada botella y garantizar materiales de alta calidad para reciclaje. Entre 2023 y septiembre de 2025, la ciudadanía devolvió unos 7,500 millones de envases: 4,000 millones de botellas de PET, 2,000 millones de latas y 1,500 millones de vidrios.

El logro sorprende por el punto de partida. Durante años, Rumania fue el rezagado de Europa en materia de gestión de residuos, con tasas de reciclaje estancadas entre 11% y 14%. La introducción del DRS implicó construir centros de clasificación, digitalizar procesos y obligar a comercios de todos los tamaños a recibir envases, ya sea con máquinas especializadas o de forma manual.

La aceptación social también fue clave. Una campaña nacional que apeló a la tradición y a la corresponsabilidad convirtió el reciclaje en un hábito cotidiano: 90% de la población ya ha usado el sistema y 60% lo hace de manera regular.

Países como Polonia, Turquía, Bulgaria, Moldavia y Serbia observan el modelo rumano para replicarlo. Las autoridades sostienen que llegar tarde fue una ventaja, pues pudieron diseñar un sistema moderno, con trazabilidad y logística eficiente.

Organizaciones ambientales reconocen el avance, aunque advierten que los envases de bebidas representan apenas 5% del total de residuos del país. El desafío ahora es ampliar el modelo a otros materiales sin comprometer su operación. Envases de vinagre, frascos y cartones podrían incorporarse en el futuro, pero plásticos flexibles o cosméticos aún requieren estudios y acuerdos con la industria.

El éxito del DRS no solo está en las cifras. Para habitantes como Chitucescu, la diferencia se nota en las calles: menos envases arrastrados por la lluvia, menos basura en caminos y arroyos. Incluso familiares en otros países le comentan que desearían tener un sistema similar.

Rumania todavía tiene un largo camino para mejorar su reciclaje total, pero su esquema de retorno se ha convertido en referencia internacional y en un ejemplo de cómo una política bien diseñada puede modificar hábitos y limpiar comunidades enteras.

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