México rompe récord histórico de inversión extranjera y crecen de forma acelerada las nuevas apuestas productivas

México cerró los primeros nueve meses de 2025 con una cifra inédita de inversión extranjera directa. Entre enero y septiembre ingresaron 40 mil 906 millones de dólares, un aumento de 14.5 por ciento respecto al mismo periodo del año pasado. Es un nivel que rebasa todo lo captado en 2024 y que coloca al país en un momento clave para los proyectos vinculados a manufactura, energía, tecnología y reorganización corporativa.

Aunque la reinversión de utilidades disminuyó y pasó de representar casi nueve de cada diez dólares del total a poco más de dos tercios, el fuerte impulso vino de dos motores: las nuevas inversiones y las cuentas entre compañías. Las primeras se triplicaron y alcanzaron 6 mil 563 millones de dólares, un comportamiento poco común en un periodo relativamente corto. El repunte en los movimientos internos de corporativos también sorprendió, pues subieron 125 por ciento y llegaron a 6 mil 593 millones, el nivel más alto desde 2018.

En el origen del capital, Estados Unidos mantuvo su papel dominante al aportar casi 40 por ciento del total. España vivió un giro drástico: pasó de cifras negativas el año anterior a más de 5 mil 700 millones en 2025. Japón, Países Bajos y Canadá completaron el bloque principal, que en conjunto aportó más de siete de cada diez dólares de inversión.

Durante la conferencia matutina, el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, afirmó que este comportamiento muestra una percepción favorable hacia México. Destacó que la IED ha crecido 69 por ciento desde 2018 y que, en esta etapa, el avance se acelera. Señaló que parte de las nuevas inversiones se dirigen a energía, centros de datos, infraestructura y servicios financieros, sectores que están empujando transformaciones profundas en el entorno productivo.


Claroscuros y desafíos en la nueva ola de capitales

Especialistas advierten que, aunque el récord es notable, la composición de la inversión deja dudas sobre la capacidad del país para ampliar su planta productiva. La economista Delia Paredes subraya que, si bien la reinversión refleja confianza de empresas instaladas, no siempre implica mayor generación de infraestructura o expansión industrial. Enfatiza que la ubicación geográfica ya no basta para atraer proyectos de gran escala y que factores como certidumbre jurídica, energía accesible y reglas claras pesan cada vez más.

El sector manufacturero, históricamente el principal receptor de capital foráneo, muestra una desaceleración en los últimos dos trimestres. De enero a septiembre, la inversión destinada a esta actividad cayó casi 22 por ciento. Para analistas como Janneth Quiroz, este rezago podría limitar el impulso económico que se espera del nearshoring y de la reorganización global de cadenas productivas.

Pese a ello, el dinamismo de las nuevas inversiones cambió el panorama. Datos comparados con cifras revisadas del banco central muestran que la IED del tercer trimestre creció 127 por ciento anual, el mayor avance desde 2021. Con esto, instituciones financieras ajustaron sus previsiones y ahora estiman que el cierre de 2025 podría alcanzar más de 43 mil millones de dólares, lo que convertiría al año en uno de los más fuertes en una década.

En medio de estas cifras, México se prepara para ser sede del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico en 2028, un espacio donde confluyen economías que representan más de la mitad del PIB mundial. De acuerdo con la Secretaría de Economía, este papel colocará al país como un punto de enlace entre América y Asia en temas que van desde innovación tecnológica hasta nuevas cadenas de suministro.

La agenda económica abre un periodo de definiciones. México recibe capital y atención global, pero también enfrenta preguntas sobre su capacidad para aprovechar esta ola y convertirla en desarrollo de largo plazo.

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