Bolsonaro admite que quemó su tobillera electrónica durante un episodio de paranoia
Bolsonaro admite que quemó su tobillera electrónica durante un episodio de paranoia
Jair Bolsonaro pasó su primera noche en una celda de la Policía Federal en Brasilia intentando explicar un gesto que terminó por agravar su situación judicial. El ex presidente brasileño reconoció ante una jueza que manipuló y quemó con un soldador la tobillera electrónica que controlaba su arresto domiciliario, al asegurar que atravesó un episodio de paranoia provocado por medicamentos recién recetados.
La audiencia, realizada por videoconferencia, tuvo como objetivo revisar si hubo abusos en su detención preventiva. Bolsonaro relató que, entre el viernes y la madrugada del sábado, empezó a sentir “alucinaciones” y a sospechar que el dispositivo contenía un sistema de escucha. Dijo haber actuado solo, sin intención de fuga, y que “recuperó la razón” cuando la tobillera lanzó una alerta que movilizó a los agentes encargados de su monitoreo.
La versión del ex mandatario
Bolsonaro, de 70 años, aseguró que su estado mental se alteró por la combinación de pregabalina y sertralina, medicinas que toma desde hace pocos días y que, según él, detonaron pensamientos persecutorios. Añadió que no duerme bien, que se sintió desorientado y que llegó a creer que el aparato registraba sus conversaciones.
La jueza que condujo la audiencia confirmó que no hubo irregularidades en el arresto y mantuvo la prisión preventiva dictada inicialmente por el Supremo Tribunal Federal. El ministro Alexandre de Moraes había fundamentado la medida en el riesgo de fuga, luego de que el dispositivo resultara dañado y tras detectarse una convocatoria a una vigilia frente a la casa de Bolsonaro que podía complicar la supervisión policial.
Su defensa, en paralelo, solicitó que regrese al régimen de prisión domiciliaria alegando un “cuadro de confusión mental”. Médicos, abogados y su esposa, Michelle Bolsonaro, lo visitaron tras la audiencia.
Un caso que escala en la Corte
La situación ocurre a pocas horas de que el Supremo evalúe si mantiene o revoca la prisión preventiva. Bolsonaro tiene pendiente la ejecución de una condena de 27 años de cárcel por intentar revertir los comicios de 2022 y liderar una trama dirigida a desconocer la victoria de Luiz Inácio Lula da Silva.
Si la sentencia queda firme después de las apelaciones, el ex presidente deberá pasar de su confinamiento domiciliario a un régimen de prisión cerrada. Su encarcelamiento deja, por ahora, a la derecha brasileña sin una figura central rumbo a las elecciones de 2026, mientras Lula ya anticipó que buscará un nuevo mandato.
La crisis política vuelve a exponer el choque entre las instituciones brasileñas y una figura que sigue polarizando al país. El proceso avanza bajo la mirada internacional, aunque el gobierno de Lula insiste en que el caso se resolverá únicamente en los tribunales brasileños.
