EL APRENDIZAJE YA NO ESTÁ EN LOS SALONES SINO EN LOS MEMES 📱
Olvida esa imagen de los estudiantes sentados en silencio total dentro de un auditorio escuchando a un experto hablar por horas. Para las nuevas generaciones en México, esa forma de aprender ya es cosa del pasado. Un estudio reciente de la UNAM acaba de confirmar lo que muchos ya sospechábamos: los jóvenes están conectando mucho más con el conocimiento a través de un meme en WhatsApp o un video en redes sociales que asistiendo a una conferencia magistral. La cultura dejó de ser algo que se consume de forma pasiva desde una butaca para convertirse en algo que se vive, se edita y se comparte en tiempo real desde la palma de la mano.
LA CULTURA YA NO SE MIRA, SE COMPARTE EN EL FEED 🤳
La investigación realizada con casi tres mil estudiantes de bachillerato de la ENP y el CCH revela que para ellos la cultura es sinónimo de convivencia e identidad. No se trata simplemente de ir a un museo a ver piezas históricas, sino de participar activamente en lo que está pasando en su entorno digital. Para estos estudiantes, un meme no es solo una broma para pasar el rato, sino una herramienta con carga social y crítica que se puede entender en segundos. Mientras que las instituciones siguen apostando por formatos tradicionales y rígidos, los jóvenes sienten que aprenden más de su realidad a través de las redes. El estudio muestra que la gran mayoría prefiere ver la cultura como un proceso en el que pueden participar y no como un evento aburrido al que solo van de observadores.
¿POR QUÉ LOS AUDITORIOS SE QUEDARON VACÍOS? 🚌
El problema principal no es la falta de interés, sino que el sistema tradicional es muy poco accesible. Entre las distancias enormes en la ciudad, las dificultades del transporte y la falta de tiempo, ir a un evento cultural programado es un lujo que muchos no se pueden dar. Más de la mitad de los alumnos de la UNAM admitió que casi nunca asiste a estas actividades porque la oferta digital es mucho más práctica. El celular no cuesta traslado y permite una interacción inmediata que un auditorio simplemente no ofrece. La conclusión es muy sencilla: para llegar a las juventudes mexicanas, hay que entender que el aprendizaje ya no vive en los grandes escenarios, sino en el contenido breve y con humor que consumen todos los días en sus pantallas.
