Una batalla de 20 minutos convierte a un Klimt en la obra moderna más cara jamás subastada
El mercado del arte volvió a sorprender con la subasta del Retrato de Elisabeth Lederer, una de las obras más reconocidas de Gustav Klimt, que alcanzó los 236 millones de dólares en Nueva York tras veinte minutos de pujas constantes. La cifra convirtió al cuadro en la obra de arte moderno más cara jamás vendida en una subasta y en la segunda más costosa de la historia, solo superada por el Salvator Mundi atribuido a Leonardo da Vinci. La pieza, realizada entre 1914 y 1916, presenta a la joven Lederer con un vestido blanco sobre un fondo lila, y su salida al mercado generó una expectación que llenó las salas de Sotheby’s durante días.
Al menos seis postores participaron en la puja, que inició en torno a los 130 millones de dólares. En los minutos finales, dos compradores telefónicos elevaron la competencia con ofertas que subían en varios millones por ronda. Oliver Barker, subastador de la casa, dio el martillazo que cerró la venta ante el aplauso del público. La firma informó que más de veinticinco mil personas visitaron la exposición previa para ver la obra, una cifra inusual incluso para este tipo de subastas.
La procedencia del retrato fue uno de los elementos que despertó mayor interés. La pieza formaba parte de la colección del magnate Leonard Lauder, heredero de Estée Lauder y una figura influyente en museos de Estados Unidos. Tras su fallecimiento, se decidió poner a la venta veinticuatro obras de su colección, cuya recaudación superó los quinientos millones de dólares. La historia del propio cuadro también atrajo la atención: fue confiscado por los nazis, recuperado por la familia Lederer y posteriormente adquirido por Lauder en la década de los ochenta.
El impacto en el mercado del arte
La venta del retrato confirmó el renovado impulso del mercado del arte moderno. El récord previo de Klimt, establecido en 2023 por Dama con abanico, había alcanzado los 108 millones de dólares, una cifra ahora ampliamente superada. La subasta también incluyó paisajes del propio Klimt que nunca habían salido al mercado: Prado en flor llegó a los 86 millones y Ladera forestal en Unterach alcanzó más de 68 millones. En conjunto, estas tres piezas representaron la mayor parte de la recaudación de la noche.
Otras obras de artistas del siglo XX reforzaron la tendencia. Jean-Michel Basquiat superó expectativas con Crowns (Net Peso), vendido por 48 millones, mientras que una pieza de Yves Klein realizada con esponjas azules alcanzó los 19 millones. También destacaron esculturas de Henri Matisse y un paisaje de Edvard Munch vendido por 31 millones, todos por encima de las estimaciones iniciales. La presencia de obras asiáticas importantes, como las de Qi Baishi, mostró además el creciente peso de coleccionistas de China.
La entrada del Retrato de Elisabeth Lederer a la lista de las obras más valiosas desplazó a piezas clásicas de Picasso, Warhol y Modigliani, y dejó fuera del top ten un paisaje de Paul Cézanne. Este tipo de movimientos en el ranking evidencia que la demanda por obras con fuerte carga histórica, buena conservación y procedencias destacadas sigue siendo uno de los motores principales del mercado. Para muchos observadores, la evolución reciente revela que, aun con un entorno económico cambiante, el arte mantiene su capacidad para atraer inversiones millonarias y generar nuevas discusiones sobre patrimonio, memoria y valor cultural.
