El sueño (La cama) de Frida Kahlo se convierte en la obra femenina más cara vendida

El sueño (La cama), uno de los autorretratos más singulares de Frida Kahlo, alcanzó 54.6 millones de dólares en una subasta en Nueva York y se convirtió en la obra más cara jamás vendida de una artista mujer. La cifra supera la marca que mantenía Georgia O’Keeffe desde hace una década y coloca a Kahlo en un nuevo territorio dentro del mercado del arte. Para México, donde su figura trasciende museos y se ha vuelto un símbolo cultural, el anuncio resonó como un recordatorio del impacto que su obra sigue teniendo en el mundo.

La venta se realizó en la sede de Sotheby’s. El martillo cayó en 47 millones de dólares, pero el monto final subió al sumar las comisiones y cargos propios de este tipo de operaciones. Con ello, Frida desbanca también su propio récord: en 2021, Diego y yo había alcanzado 34.9 millones, ya entonces una cifra que la colocaba fuera de cualquier parámetro en América Latina. Esta nueva venta la impulsa todavía más en la escena global, donde pocas obras latinoamericanas logran entrar en las ligas de los grandes precios.

Una obra marcada por dolor, cambio y obsesiones

Pintado en 1940, El sueño (La cama) es un reflejo fiel del mundo interior de Kahlo durante una etapa especialmente compleja. Para entonces enfrentaba el desgaste físico de múltiples cirugías y la inestabilidad emocional de su relación con Diego Rivera. Aunque muchos la consideran una pieza plenamente surrealista, la propia artista rechazaba esa etiqueta; decía que no pintaba sueños, sino su realidad, una realidad fragmentada por el dolor, la enfermedad y una fuerza creativa que nunca dejó de empujarla.

La obra muestra a Frida dormida sobre una cama de madera que parece flotar entre nubes. Está envuelta en una manta dorada mientras un esqueleto, rodeado de dinamita y flores, descansa sobre el dosel. El catálogo de Sotheby’s describe la imagen como una meditación sobre la frontera entre la vida, el sueño y la muerte, un territorio que Kahlo conoció de cerca desde el accidente que sufrió a los 18 años en la Ciudad de México. Fue ese episodio el que la obligó a pasar meses postrada y, al mismo tiempo, el que la llevó a pintar sus primeros autorretratos.

La identidad del comprador se mantiene en reserva, aunque la obra será exhibida en una serie de retrospectivas dedicadas a Kahlo entre 2026 y 2028 en museos de Nueva York, Londres y Basilea. Algunos especialistas celebran que la pieza vuelva a circular públicamente, ya que había permanecido casi invisible desde finales de los noventa. Otros temen que, tras las exposiciones, vuelva a perderse en una colección privada.

Frida Kahlo, nacida en Coyoacán en 1907, desarrolló una obra profundamente arraigada en símbolos personales, en la memoria mexicana y en una mirada directa al cuerpo herido. Su vida estuvo marcada por cirugías, corsés y periodos prolongados en cama, un espacio que convirtió en refugio y, al mismo tiempo, en puente hacia preguntas sobre identidad, dolor y supervivencia. Murió en 1954, pero no dejó de crecer su presencia en el arte y en la cultura popular.

Que una obra suya alcance este precio no solo habla del mercado internacional, sino del camino que han seguido los artistas mexicanos para colocarse en espacios donde antes era raro verlos competir con figuras europeas o estadounidenses. El cuadro ahora emprende una nueva ruta, lejos de la Casa Azul y de las paredes que alguna vez lo vieron nacer, pero seguirá abriendo discusiones sobre el valor del arte, los afectos y las miradas que atraviesan el tiempo.

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