La cementera de Cruz Azul en Jasso tardará años en recuperar su ritmo

Blindada con placas metálicas, resguardada por guardias armados y marcada por años de enfrentamientos internos, la planta cementera de la Sociedad Cooperativa La Cruz Azul en Jasso, Hidalgo, enfrenta un lento y complejo camino para reanudar operaciones completas, tras más de cinco años de disputa, abandono y deterioro que fracturaron tanto a la empresa como a la comunidad.

Alrededor de mil 500 trabajadores participan actualmente en las labores de recuperación de las instalaciones ubicadas en Tula, Hidalgo. Mientras algunos se concentran en rehabilitar maquinaria y limpiar áreas afectadas, otros refuerzan accesos con láminas de hierro, soldando rejas y sellando puntos vulnerables. La misma estrategia de blindaje se replica en espacios emblemáticos como el estadio, el auditorio y el salón de usos múltiples.

La intervención más reciente ocurrió apenas seis días atrás, cuando un operativo policial culminó con la detención de 33 personas y permitió la restitución legal del complejo al grupo encabezado por Víctor Manuel Velázquez, presidente del Consejo de Administración. Esta acción se realizó en cumplimiento de una orden judicial emitida por un juez del Estado de México, tras años en los que las instalaciones estuvieron bajo control de una facción liderada por Federico Sarabia Pozos, actualmente en prisión.

Durante este periodo de conflicto, la cooperativa sufrió una caída cercana al 45 por ciento en su producción. El daño, sin embargo, no se limita a cifras económicas. Inspecciones recientes revelaron el robo de componentes clave, la ausencia de sistemas esenciales y afectaciones severas en maquinaria valuada en millones de dólares.

José Antonio Mucio Monroy, encargado del suministro eléctrico, explicó que varios equipos superan los 20 años de antigüedad y podrían requerir reemplazos completos. “Algunas piezas ya no se fabrican y adquirir nuevas puede tardar hasta dos años”, señaló. La rehabilitación incluye además la reconstrucción de una subestación eléctrica y la realización de peritajes técnicos que determinarán el alcance real de los daños.

El entorno de la planta refleja un ambiente de tensión persistente. Guardias privados armados patrullan la zona acompañados de perros entrenados, mientras vehículos blindados sin placas vigilan los accesos. La presencia de este dispositivo responde al temor de nuevos intentos de ocupación, luego de episodios violentos como el enfrentamiento de abril de 2022, que dejó ocho personas muertas.

La disputa interna también ha dejado profundas heridas simbólicas. La figura de Guillermo “Billy” Álvarez, quien durante décadas representó el liderazgo de la cooperativa, ha sido repudiada por parte de la comunidad. Un busto de su padre permanece cubierto, como señal del intento de romper con ese pasado.

Directivos actuales denuncian que durante el tiempo en que el grupo disidente controló la planta se habrían generado ganancias millonarias mediante operaciones irregulares, incluida la venta de cemento de baja calidad y la operación de una estructura administrativa paralela. También se desconoce el origen de los recursos que permitieron mantener la planta activa durante ese periodo, lo que ha alimentado sospechas de posibles actividades ilícitas.

Mientras tanto, el proceso de reconstrucción avanza lentamente. Desde el operativo del 12 de febrero, cooperativistas provenientes de distintas regiones del país se han sumado a las labores de limpieza y reorganización. A primera hora de la mañana, grupos de trabajadores se reúnen con herramientas básicas para despejar escombros y rehabilitar espacios.

El conflicto no solo paralizó la producción, sino que transformó la vida de Jasso. La comunidad, que llegó a depender casi por completo de la actividad cementera, quedó dividida entre facciones enfrentadas. La planta llegó a emplear directamente a cerca de 3 mil personas y generaba hasta 15 mil empleos indirectos, sosteniendo la economía local durante décadas.

Ahora, la cooperativa busca no solo recuperar su capacidad productiva, sino también reconstruir el tejido social. En un gesto simbólico, trabajadores y directivos participaron recientemente en una misa dentro de las instalaciones, como parte de un acto que representa el inicio de una nueva etapa.

Sin embargo, el regreso a la normalidad no será inmediato. Entre maquinaria dañada, procesos judiciales en curso y una comunidad que aún carga las cicatrices del conflicto, la planta de Cruz Azul enfrenta una reconstrucción que podría tomar años. Jasso, el lugar donde nació uno de los proyectos cooperativos más emblemáticos del país, intenta levantarse nuevamente entre el acero, la vigilancia y la esperanza.

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