DEL HUMO AL ALGORITMO: CÓMO LA INDUSTRIA DEL CIGARRILLO REINVENTÓ EL VAPEO PARA ATRAER A LOS JÓVENES
Los cigarrillos electrónicos dejaron de parecer cigarros hace tiempo. Hoy imitan memorias USB, pequeños dispositivos electrónicos o incluso útiles escolares, mientras su promoción se trasladó de los anuncios tradicionales a TikTok, Instagram y las redes sociales. Especialistas advierten que esta transformación no es casual: responde a estrategias dirigidas a captar consumidores cada vez más jóvenes.
Aunque en México la importación y comercialización de vapeadores enfrenta fuertes restricciones, el mercado ilegal continúa creciendo. Estudios del Instituto Nacional de Salud Pública señalan que el uso de estos dispositivos entre jóvenes de 15 a 24 años alcanza cifras preocupantes en algunos sectores estudiantiles, convirtiendo al país en uno de los de mayor prevalencia en la región.
Los expertos también alertan que, lejos de ayudar a dejar de fumar, el vapeo suele convertirse en la puerta de entrada al consumo de cigarrillos convencionales, incrementando el riesgo de desarrollar dependencia a la nicotina.
El atractivo de sabores como frutas, dulces, menta o postres reduce la percepción del riesgo entre adolescentes, quienes con frecuencia creen que solo inhalan «vapor». Sin embargo, análisis realizados por la Cofepris y organismos científicos han identificado en estos aerosoles sustancias altamente tóxicas, entre ellas benceno, formaldehído, plomo, níquel, cadmio y diacetilo, compuestos asociados con cáncer, daño neurológico, enfermedades cardiovasculares y lesiones pulmonares graves.
Los neumólogos advierten que el vapeo puede provocar bronquitis crónica, asma, lesión pulmonar asociada al vapeo (EVALI) e incluso aumentar el riesgo de infartos por la elevada concentración de nicotina. Además, en adolescentes, esta sustancia afecta el desarrollo cerebral, alterando funciones relacionadas con la memoria, el aprendizaje, la atención y el control de impulsos.
Especialistas en salud pública coinciden en que la apariencia moderna, los sabores y la publicidad digital no hacen menos peligrosos a estos productos. Detrás de una nube aromática puede existir una mezcla de decenas de sustancias químicas cuyos efectos representan un riesgo creciente para la salud de toda una generación.
