Fuga de película en Francia: barrotes serrados, sábanas y un penal del siglo XIX

Dos reclusos lograron escapar de la prisión de Dijon, una de las más antiguas y saturadas de Francia, en un episodio que expuso fallas profundas en la seguridad penitenciaria del país. La evasión ocurrió entre la madrugada y la apertura del penal, cuando los guardias descubrieron que los internos habían cortado los barrotes de sus celdas y usado sábanas anudadas para trepar muros y esquivar el alambre de púas. El método, simple y casi artesanal, puso en evidencia un problema viejo: instalaciones rebasadas y controles debilitados.

La prisión de Dijon, inaugurada en 1853, alberga 311 personas aun cuando fue diseñada para poco más de la mitad. La sobrepoblación y la infraestructura deteriorada se han convertido en un terreno fértil para incidentes. De acuerdo con sindicatos penitenciarios, desde hace meses se advertía sobre el ingreso de herramientas prohibidas, incluidas sierras manuales, posiblemente introducidas mediante drones que sobrevuelan la zona sin barreras tecnológicas que los bloqueen.

Los fugados eran un joven de 19 años, en prisión preventiva por intento de asesinato, y un hombre de 32 años detenido por violencia contra su pareja. Este último dejó una carta donde mencionaba sentirse “encerrado demasiado tiempo”. Ambos estaban en una zona disciplinaria en la planta baja, lo que facilitó que alcanzaran el patio interior una vez que lograron romper los barrotes.

Saturación, drones y directores desplazados

Tras la huida, la policía desplegó alrededor de cien agentes en la región. El ministro de Justicia ordenó destituir al director del penal, una reacción que los gremios consideran insuficiente ante un problema que, dicen, afecta a gran parte del sistema penitenciario. Señalan que los recursos se concentran en nuevas cárceles de máxima seguridad destinadas a casos de narcotráfico y terrorismo, mientras las prisiones tradicionales operan con personal limitado y edificios envejecidos.

La evasión de Dijon no fue un hecho aislado. Apenas días antes, un preso de Rennes escapó durante una salida escolar al planetario local. Fue localizado después de varios días en la ciudad de Nantes, lo que aumentó la presión pública sobre las autoridades. En ambos casos, los sindicatos insistieron en que las alertas habían sido ignoradas.

Un día después del escape en Dijon, las autoridades capturaron a uno de los reos a unos 120 kilómetros del penal. El segundo, considerado “potencialmente peligroso” por su historial de violencia, sigue sin ser localizado. La investigación se centra ahora en determinar cómo entraron las sierras metálicas y si un dron facilitó la operación.

La discusión sobre las prisiones francesas se ha vuelto más visible en los últimos años, especialmente por su alto índice de hacinamiento en comparación con el resto de Europa. Para México, donde también existe debate sobre el estado de los centros penitenciarios, la historia resuena como recordatorio de que la saturación, la falta de mantenimiento y la vigilancia insuficiente pueden convertir cualquier fuga en una señal de alerta más amplia sobre la capacidad del Estado para garantizar seguridad y reinserción.

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